No acabo de entender (en realidad entiendo muy pocas cosas) qué me ha motivado a abrir un blog. Si alguien me lo hubieran dicho hace sólo un mes, lo hubiera mirado entre perpleja y escéptica y le hubiera respondido que de ninguna manera iba a editar "un blog de esos", que tengo mucho trabajo (es cierto) y no puedo perder el tiempo . ¿Entonces...?
Tengo tres hipótesis sobre mi cambio de actitud, esta vertiente voluble que ignoro tener:
a) Estas tardes de "dolce far niente" del mes de agosto. Estos " días entre paréntesis" (la frase no es mia es de Cortázar) me han hecho cambiar de idea y ha aparecido un "¿por qué no?" al que no he opuesto resistencia. Tal vez por indolencia veraniega
b) Mi reciente experiencia bergmaniana en Suecia. (No, no voy a explicar nada, no quiero que este blog se convierta, como otros, en un diario particular ). Pero por ahí podría haber una sutil explicación.
c) Y tercera -y creo que es la más acertada- mi disgusto, mi "énnui", después de un vagabundeo por algunas calles de BCN y tropezar con dos monumentos que siempre me deprimen.
Salí de la Boquería, y al llegar a la plaza de Catalunya, mi mirada estética (Quizá resulte algo pedante esta expresión... Bueno, no importa. Confieso que a menudo sufro de deformación profesional) se vió agredida por la insoportable escultura que Subirats creó para homenajear al pobre Macià, un níveo y simpático abuelo que soñaba con que todos los catalanes llegásemos a tener "una casa i un hortet".¿No se merecía este optimista caballero un monumento mejor? No creo que nadie lo ponga en duda. Pues bien, Subirats ha realizado una obra torpe, amazacotada, que contemplada ya desde el principio de la Rambla, aparece pesada, sin gracia, ocultando la perspectiva que ofrece la plaza y la visión de la casa Rocamora. Ya sé que la plaza de Catalunya es poco armoniosa -por no decir destartalada- pero a esta inarmonía contribuye notablemente el irritante monumento de Subirats.
Seguí caminando calles arriba "haciendo cuatros" y decidí dar por finalizado mi paseo barcelonés cuando de nuevo mi mirada (voy a suprimir lo de "estética") se dió de bruces con el monumento en memoria del poeta Jacint Verdaguer, situado en el cruce Diagonal/Paseo de Sant Joan.
Para empezar, he de confesar, (y que me perdonen algunos que yo sé) que nunca he leído a Verdaguer. Ya sé que tengo cosas absurdas, pero en ocasiones me basta en como suena un nombre para sentir un desinterés absoluto por su obra. "Mossen...." ay, ay, ay! y "Cinto" : Mossen Cinto, es así como se le conoce popularmente. Siento cierto pudor en confesar cosas tan estúpidas, pero por ahí me salen unas asociaciones que... en fin, no sé. Dejémoslo.
O sea -y sigo- la obra del ínclito a quien está dedicado el monumento no me interesa. Pero ¿y el monumento...? Rodeado de un friso de piedra circular, la figura del poeta, custodiado por unos cipreses, se yergue sobre una alta columna pseudo dórica, y visto desde la distancia que impone su situación urbana, su negra y menuda imagen recuerda desde su alto pedestal a un oscuro cuervo. Siempre me ha parecido un enorme y desolado panteón ignorado por los viandantes y evitado -lógicamente, claro- por los miles de coches que por todos los lados pasan veloces por su lado. ¡Pobre poeta con incrustaciones de la contaminación que le rodea y los oidos hecho polvo! En este monumento, además de J.A. Pericas, intervinieron otros escultores y la elección de su proyecto provocó una gran bronca. Parece que muchos hubieran preferido el proyecto presentado por el escultor Clará. Intuyo que me hubiera gustado mucho más. La contemplación de este "mausoleo" siempre me causa una cierta pesadumbre, y como se halla casi al lado de casa, llegué a ella con esta melancolía que se desprende del mismo.
¿Es por este último motivo en particular que decidí crear un blog? ¿Para distraerme y hacer algo novedoso y distinto? Pero ¿ por qué entrar en esta cultura efímera, tal vez, banal? (Se lo he contado a D.F. y creo que la he dejado algo desconcertada. Me tiene en una estima excesiva)
Consuélese Erika pensando que en, otras latitudes, no nos es dado siquiera el placer de entrar a comentar la oportunidad estética del que perpetra un monumento. En la tierra de María Santísima, en la "Ciudad de la Gracia", la presencia del complejo levítico-militar es tan abrumadora en la edilicia pública, que el bochorno se nos sube a los cascos en forma de línea roja que nos impide la reflexión ponderada. Y es que nuestros munícipes son como el caballo de Atila. ¿Querrás creer que últimamente ha bautizado a una biblioteca pública con el nombre de Infanta Elena, dama sobre cuyas lecturas vale más no indagar. Aquí, en la patria de Don Luis Cernuda. ¡Porca miseria!
Respecto a Subirats, te basta ir a la Sacrada Familia. Mossèn Çinto, por lo menos, está muy alto.
Puedo recomendar algunos libros o ustedes recomiendan los titulos?
Espero su respuesta.
Quiero sin embargo recomendarles la Bigrafia de Wallsenstein de Golo Mann.
Una gran obra narrativa.
Repleta de detalles históricos, religiosos, geográficos, bélicos, etc.
El capitulo de Mecklenburg deja un sabor de las crónicas viejas debido a las formas arcaícas que utiliza al escribir.
Mi opinión ,magnífico.
Para quien le gusten las biografías de personajes históricos,