Por mis investigaciones sobre el tema mujer y arte he tenido que leer infinidad de textos. Muchos me han sorprendido desagradablemente por tratarse de conceptos y opiniones sobre las mujeres que procedían de hombres a quien consideraba pensadores lúcidos y progresistas, pero no esperaba estas lineas de este filósofo y anarquista, hoy en día casi sólo conocido por su famosa frase "la propiedad es un robo" (ver su libro ¿Qué es la propiedad?)
“Entre el hombre y la mujer puede haber amor, pasión, vínculo de costumbre y todo lo que se quiera, pero no hay verdadera sociedad. El hombre y la mujer no van juntos. La diferencia de los sexos alza entre ellos una separación cuya naturaleza es la misma que la que se establece entre los animales por la diferencia de las razas. Por ello, lejos de aplaudir lo que hoy en día se ha dado en llamar emancipación de la mujer, me inclinaría más bien, si es que hubiese que llegar a semejante extremo, por recluir a la mujer".
¡Tú también Proudhon!
Soy mujer. No sé si soy igual a los hombres, si soy diferente, si soy superior, si soy inferior. A veces me dicen que mujeres y hombres tenemos maneras distintas de pensar, de sentir, de orientarnos espacialmente, de organizarnos las tareas, de tratar a la gente, de pensar. Otras que somos iguales, que se trata de diferencias social y culturalmente construidas, pero no naturales, nunca ”de serie”. Incluso se afirma que determinadas diferencias aparentemente naturales pueden ser fruto de una asignación de roles tan estricta que nos ha llevado a desarrollar más unas u otras capacidades físicas.
Personalmente me parece que la frontera hombre-mujer es apta para una diferenciación sexual (cada vez más confusa por otro lado), pero que psicológicamente, conductualmente, socialmente,... es difícil establecer una frontera. Soy mujer, pero me oriento bien, soy empática, me gusta el fútbol, me encantan los niños, no soporto hacer varias cosas a la vez, entiendo los mapas, lloro en las películas,... Soy persona antes que mujer y no sé si esto hoy es un pecado.
En efecto, "Tu quoque Proudhon". Y es que existen textos del pensamiento socialista y de la práctica sindical que ponen los vellos como escarpias, lo que, por lo demás, explicaría por qué movimiento obrero y feminismo no siempre caminaron por los mismos senderos, al menos en el XIX y principios del XX. Pero lo más curioso del caso es que tenemos constatación iconográfica de las ideas decididamente misóginas del pensador anarquista. Basta observar el retrato que le hace su buen amigo Courbet entre 1865 y 1867, para darse cuenta de que sus ideas no iban en el sentido de la emancipación femenina. En dicho cuadro la mujer de Proudhon es aludida sólo mediante los instrumentos de la labor de costura, lo que no parece muy alentador para aquella, en el caso de que hubiera abrigado ideas de emancipación personal. La idea no es mía, claro. Ya fue la maestra Linda Nochlin la que en su libro "El realismo" (Alianza, pag. 155), la que dejó, como suele, sagaz comentario sobre la obra: "Mientras que el cuadro es rico en información, no en mensajes, acerca del aspecto, el carácter y las ideas de Proudhon -sus orígenes humildes y artesanos, su aprobación de la alfabetización universal, su énfasis en la familia, incluso su casi obsesiva insistencia en el papel puramente doméstico de las mujeres- estos detalles no se relatan en términos de ningún significado superpuesto, sino más bien en términos de metonimia, la vinculación de elementos merced a la mera contigüidad que Roman Jakobson ha postulado como el modo de representar fundamental del arte realista, en oposición al predominio de la metáfora en las obras románticas y simbolistas". Más claro...