Ayer en la Rambla de Cataluña saludé a un par de vecinos de mi antiguo domicilio. Hacía una semana que habían llegado de Estados Unidos y tuvieron la descortesía de relatarme con pormenores todos los sitios que habían visitado "de la ciudad de los rascacielos" (sic). Escuchándolos se diría que habían sido unos pioneros en el descubrimiento de Nueva York, donde incluso no pudieron evitar la visita a la estatua de la Libertad : "Nunca pude imaginarme que fueran tan enorme, es impresionante. Las pelis no te dan ni idea de sus dimensiones" ( casi sic).
De mi resignado, incluso martirizado silencio, debieron deducir que nunca había estado allí. No les contradije. Aunque dijeron bastantes simplezas y recurrieron a tantos lugares comunes, , su ingenuo entusiasmo me llevó antes de despedirme , a aconsejarles que leyeran el libro de Brendan Behan Mi Nueva York, (editorial Marbot) un suculento texto, un ingenioso soliloquio de este alcohólico irlandés fascinado por la ciudad. Yo leí el libro (confieso que no lo compré) sentada durante un par de horas en el café de una libreria. Por otra parte me atraía la personalidad y libertad del escritor que se describía a si mismo como "a drinker with a writing problem".
Behan, que nació en 1923, murió alcoholizado a los 41 años. En su juventud estuvo encarcelado supuestamente por sus conexiones con el IRA , pero creo que esto no se ha aclarado del todo. En Nueva York visitó todos los bares de la ciudad y le echaron por beodo de casi todos los hoteles a excepción del mítico Chelsea donde unos años antes había estado escribiendo otro borracho redomado, el poeta galés, Dylan Thomas.
Su libro escrito a principios de los años sesenta es algo caótico pero divertido y en cierta manera (muy tangencialmente) me conectó con mis estudios sobre Edward Hopper.
Behan, enamorado de la "gran manzana" hasta el punto de encontrarla la ciudad más bella del mundo, fue también un dramaturgo y poeta maldito. Como ha pasado con otros escritores, su biografía ha colonizado su obra y parece destinado a pasar a la posteridad (también Oscar Wilde)más por el singular y amplio anecdotario que circula sobre su vida, que por su obra misma.
Su biógrafa relata que yendo de pequeño de la mano de su abuela por una calle de Dublín, un hombre se los quedó mirando y dijo con conmiseración a la mujer: "No es terrible señora, ver a un chico tan guapo, deforme". "¿Cómo se atreve -le espetó indignada la abuela- "No es deforme, sólo está borracho"-
Brendan Beham era irlandés por los cuatro lados: borracho, pendenciero y patriota.
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