Estoy absolutamente de acuerdo con el crítico de arte australiano Robert Hughes, cuando, entre otras cosas, afirma, indignado que "Damien Hirst no es más que un escalador ampliamente sobrevalorado". También estoy algo más: escandalizada y anonada. Anonadamiento que seguramente provenga de no entender nada de lo que ocurre en el mundo de las artes plásticas. ¿Es siempre el talonario el que decide lo que es arte? Me negaba a aceptarlo (residuos de mi tozuda ingenuidad: es muy fatigoso rehacer cada día el mundo a mi gusto). Pero debo armarme de valor y aceptar que así es.¿Será por esto que el interesante historiador Donald Sassoon decidió excluir el tratar del arte contemporáneo en su imprescindible libro Cultura ? "Su valor económico está determinado por su valor de reventa (...) El mercado de obras de arte es en esencia un mercado especulativo de objetos que han sido definidos como arte por un élite restringida. De hecho, el mercado del arte fluctúa aproximadamente en función del mercado de valores" Es decir, lo deciden el talonario de los compradores, por lo que no se quiere meter en ese pantanoso fregado donde la naturaleza especulativa del producto es lo fundamental. Dramático ¿no?

Ya siempre me había parecido sospechoso que fuera el avispado y manipulador publicista Charles Saatchi, quien en los años noventa se inventó y lanzó al mercado con gran fortuna, a los Young British Artist (casi todos "incomestibles") quien también estuviera detrás este obceno exhibidor de escualos en formol, mariposas y otros animales. Y se da la ironía, de que Hirst el primer "artista" más rico del mundo (se calcula que posee una fortuna de unos mil millones de dólares) ¡ni siquiera realiza sus obras! Son los más de cien artesanos que tiene en la enorme nave de su taller, los que ejecutan sus brillantes ideas (ver también la calavera de platino, a tamaño real incrustada con más de ocho mil diamantes.)

Y finalmente lo que también me desalienta es constatar tanta estupidez e ignorancia humanas. Puedo comprender que Hirst, Saatchi y varios galeristas caigan en la avaricia del dinero, pero lo que no entiendo es como pueden existir tantos críticos (si no les han pasado un sobre, claro) analfabetos papanatas, sin criterio alguno, e ignorantes millonarios coleccionistas que también caen en la trampa de lo que algunas élites y algunos taimados deciden que es arte.