Me gusta esta pintura de Manet. Adentrarse en ella es atrapar toda una escena, la espera de una respuesta a la "preposicion indecorosa" a una dama.

Un joven parisino, vestido de obrero, o, tal vez, de bohemio, mira con intensidad, tratando de ser convincente, a la mujer algo circunspecta que ha llevado ¿o citado? en un conocido y discreto restaurante de la capital.

El hombre tiene el pelo oscuro y lleva bigotito y patillas. En una mano sostiene una copa de champagne. La otra descansa en el borde del respaldo de la silla de la mujer que no se atreve a recostarse en ella. No es bella y va vestida discretamente.Traje marron con cuello blanco escarolado y mitones negros de blonda. Un sombrero negro en forma de ala de pájaro, oculta el moño alto de su peinado. Ya no es joven, y sopesa, discreta y reservada, la propuesta del joven. Tiene sus temores. Lógico. ¿Y si se entera su esposo?

Detrás, al fondo, un camarero con una cafetera en la mano, observa indisretamente a la pareja que no parece apercibirse de su presencia.

La obra está en una colección privada, tal vez por ello es poco conocida, y es una lástima por que Manet se muestra en todo su esplendor y con una pincelada y color que revelan la influencia de sus amigos impresionistas cuando el verano de 1874 en Argenteuil. El colorido es luminoso, vibrante, sobre todo en el mantel y la pincelada suelta, de "mancha y borrón" como diría Goya.

Es curiosa la distinta solución que ha dado a las manos del hombre. La de la derecha, está bien perfilada. La de la izquierda, sólo abocetada